No siempre se puede arrancar desde cero.
No todos somos Warren Buffet y arrancamos a invertir con 10 años (ni con 30).
No siempre tenemos claro qué queremos ser, hacer o a qué dedicarnos a los 17 años… ni a los 40.
No todos emigramos con 20 años, ni nos divorciamos a los 50…
A veces toca arrancar… a mitad de camino —o incluso en la recta final ;)—
Es así: los golpes, los reinicios, las decisiones, el conocimiento, los cambios y hasta ese “click” a veces llegan cuando menos los esperamos o queremos. Hasta nos resistimos a ellos por miedo, inercia o por aferrarnos al hábito. Y no voy a mentirte, arrancar a mitad de camino tiende a ser más doloroso y más laborioso. No somos “esponjas” como de pequeños, pero pecamos de víctimas para no hacernos cargo.
Cuando metiste cuarta por la autopista y te das cuenta, a mitad de camino, que encaraste para el lado contrario, puteas y refunfuñas un poco, pero no te queda otra (o al menos lo decides así) que dar la vuelta en la primera rotonda o salida posible y volver al camino correcto, al que te lleva al destino que quieres.
Lo mismo nos pasa en la vida. A veces es la carrera, a veces el trabajo, a veces la alimentación, a veces los vicios, a veces los hijos, una relación, una amistad, una pérdida grande, las finanzas, la casa, la orientación sexual o tus mismísimos objetivos. A veces vienes en una dirección convencida, por no mirar a los costados, por repetir indefinidamente, por ni barajar la opción de que exista otra alternativa, otra vida… y a veces se nos frena el coche en seco y toca bajarse y caminar. Emprender una nueva ruta. Recular y decidir recomenzar.
Algunas veces nos permitimos soñar…. en silencio, mientras las luces se apagan y la almohada pacta silencio; otras veces, despiertas, entre que lavas los platos o paseas al perro. ¿Y si tuviera otra vida? ¿Y si lo hiciera distinto?
Suena una bocina y te desprendes rápido del sueño, lo alejas como a una mosca molesta y vuelves a tu rutina, a tu pesadilla despierta. Te pregunto si a tu versión de niña (puedes preguntarle a una foto tuya del pasado) le haría ilusión esta vida que llevas o, más bien, se pondría a llorar largo y tendido… Escondiste tus sueños y planes en el baúl polvoriento del estante más alto del armario, allí donde ni te acercas a buscarlos.
Y puede que la niña no tenga idea de responsabilidades, de burocracia, de compromisos, de deuda, de desamor… ni siquiera de qué realmente quiere para su vida. Entonces te refugias en que esos eran los sueños de alguien ingenuo, inexperto, naïf… ¡Qué tonta será esa versión que, ahí en tu foto, está sonriendo, llena de vida, con un propósito y muchas ganas de ir a por ello!
Así que, sea como sea que te encuentres en este punto del mapa, ya sea por decisión propia o porque no quedó otra alternativa, quiero recordarte que, mientras el motor arranque, quedan viajes por andar y muchas posibilidades de probar rutas y caminos alternativos, de recular, de preguntarte, de mirar a los costados, de desviarte, incluso de tomar el pasaje que te advirtieron no tenía salida. Y bueno, tenías que vivirlo en carne propia, aprender de tus errores, cambiar la llanta y seguir adelante.
Sin importar el camino que elijas, unas cuantas banquinas vas a pisar, otras muchas gomas pincharás y ni te cuento la de veces que vas a perderte… Da igual, porque en el tanque queda combustible, más o menos, pero el coche arranca y tira, y está en ti para dónde vas. Alternativas hay como estaciones de servicio en el mapa. ¿Te imaginas si encima eliges ir hacia ese punto que te saca una sonrisa, te emociona hasta las lágrimas, te llena el estómago de mariposas, te devuelve el aura de esa niña de la foto? ¿Y si te atreves a darle rienda suelta al sueño despierta y, de repente, tienes un plan y trazas unas líneas en el mapa para llegar hasta allí?
Te garantizo aventuras, te prometo subibajas, colinas, descarriles, caminos estrechos, piedras, algún animal que se cruce y varias paradas de estancia larga. También te aseguro risas, coraje, crecimiento, expansión, nuevos horizontes, grandes resultados, paisajes que ni te imaginabas y, al final del camino, gratitud, paz, libertad… Porque no importa dónde arranques tu camino ni cuándo, sino en quién te conviertes mientras lo recorres.
Te abrazo fuerte.
Lu.-
¡Qué tonta será esa versión que, ahí en tu foto, está sonriendo, llena de vida, con un propósito y muchas ganas de ir a por ello!

Es interesante lo que has escrito y para la reflexión de aquellos que están pasando por una situación desconocida.
Ahora yo me pregunto, si uno se ilusionó en sus comienzos con una vida en familia, con un compañero con el que transitar por un camino juntos, para llegar a una vejéz plena, sintiendo que lo que construyó era lo que anhelaba. Porqué mirar a los costados buscando si hay algo mejor de lo que construí, si con lo que vivía estaba conforme. Porqué siempre buscar la perfección en la vida, sino existe, pero si se puede ser Feliz amoldándose al otro y formando algo juntos. No será demasiado ambicioso buscar otras experiencias, con que sentido.
Conocí 2 vidas, la de soltera y la de casada, por Ley de la vida, me queda por conocer la de la vejéz. Porqué puedo suponer que va a ser diferente a lo que ya viví, si podría con la experiencia de las 2 vidas continuar el camino con el compañero con el que viví lo bueno y lo no tan bueno y de esa experiencia sacar lo mejor para disfrutar del futuro, con alguien y no sola. Ésto no es haber fracasado como pareja, como Familia, o preguntarme, elegí la persona correcta con la que soñé transitar una vejez plena, sintiendo que el objetivo con el que me ilusioné lo había cumplido.