Hoy no es uno de esos días en los que todo fluye. Hoy es más bien uno de esos días donde todo pesa. Hoy ando así un poco como bajón, llorica. Ayer fue un día duro, de esos que te atraviesan por todos lados. Y hoy amanecí flaqueada. Con el cuerpo hablando también, porque mi cuerpo nunca se queda callado. Una llaga en el labio, cansancio, la energía baja. Me sería muy fácil volver a la cama, declarar día de bajón, echarle la culpa a la regla, a mis dolores, a la incertidumbre, a la angustia de no encontrar ese trabajo que me dé la libertad que estoy creando. Pero no.
Hoy, sin ganas…pero lo hago.
Antes de las 8:30 ya estaba sentada en mi escritorio improvisado en el comedor (para no tener que subir y bajar escaleras todo el día con mi rodilla mocha), comenzando con mis tareas del día. No desde la inspiración. No desde la motivación. Desde algo más profundo.
Desde la decisión.
En algún punto, quiero creer y creo firmemente, que el hacer, hacer, hacer, incluso cuando todo aparenta no tener sentido ni solución, acabará por darme los resultados que quiero. Por eso hoy me siento aquí contigo a intentar aportarte un poquito de valor. Si hoy te vas de aquí con un poquito más de fortaleza, una ramita más que crece para hacer frente a los retos de tu vida, mi misión está completa y, te aseguro, no tenemos idea a las personas que impactamos con nuestras acciones, así que hagámoslo con la confianza, seguridad y responsabilidad que merece el hecho de ayudar y acompañar a otros. En algún momento alguien nos ha ayudado y ayudará a nosotros y hoy es buen momento para retribuir.
Que comiences mal tu día, no implica que en su totalidad vaya a ser una m**, lo contrario. Quiere decir que ya empezó todo lo mal que podía arrancar para vos y, de aquí en más, sólo puede mejorar. Me doy la oportunidad de permitirme dejarme sorprender por lo que llegue hoy: sea un rayito de sol, un abrazo, un correo con una newsletter bonita, una carta del alma, un post de un blog que abrís al azar, una canción en la radio, un mensaje que no esperabas (o incluso que podés escribir vos), un perrito moviendo la cola por la calle o hasta un nuevo episodio de tu serie del momento. Son infinitas las posibilidades, pero sólo llegan si les damos lugar, si salimos de la cama y nos animamos a abrir la ventana y dejar entrar un nuevo aire.
Hacer sin ganas, sin ánimos, con las lágrimas en los ojos, con los hombros caídos, suma doble puntos. Cerrá los ojos y visualizá mentalmente que varios billetitos o monedas de oro entran en tu hucha mental. Sentí el ruidito cayendo, entrando, qué placer… Que hoy hagas, aunque no sea al 100%, aunque no estés al 100%, un 1% o tu tarea más importante del día, hace que brote una rama nueva y fuerte en tu árbol de la autoimagen, una raíz más fuerte, más profunda, que resistirá tormentas más fuertes (y las habrá), pero si hoy pudiste con esta tormenta, imaginate lo tontas que van a parecerte las lloviznas o unos leves rayos…
El hábito de hacer sin ganas, sin fuerzas, lleva a que continuemos avanzando, a que estemos un paso más cerca, a que solidifiquemos esta nueva identidad que es necesaria para la vida que queremos obtener y que está a camino, cada vez más cerca.
Y hoy quiero dejarte algo más, sin romper lo que ya sentís ni invalidar lo que estás procesando… Esto que estás haciendo hoy, aunque parezca pequeño, tiene nombre. Se llama disciplina emocional.
Y es una de las habilidades más importantes que puedes desarrollar si quieres construir una vida y un negocio propio. No es la disciplina rígida, fría, militar. Es la capacidad de sostenerte a ti misma incluso cuando tu emoción no acompaña. Porque la motivación es inestable. Las ganas van y vienen. El ánimo fluctúa. Pero la decisión… esa se entrena.
Desde la psicología del comportamiento y la neurociencia sabemos que la acción precede a la emoción. No necesitas sentirte bien para hacer. Muchas veces es el hacer lo que termina regulando tu estado interno, como ir al gimnasio sin ganas ni fuerzas, pero salir llena de energía y empoderada. Cada vez que haces algo sin ganas, estás generando una evidencia interna nueva. Estás reprogramando tu identidad. Estás diciéndote:
“Soy una persona que se sostiene.” Y eso, con el tiempo, vale más que cualquier pico de motivación. Porque no es lo que haces en tus mejores días lo que define tu vida. Es lo que haces en los días como hoy, cuando todo cuesta, duele y pesa el doble.
Si te llevás algo de este post hoy, que sea esto:
- No necesitas hacerlo perfecto.
- No necesitas hacerlo todo.
- No necesitas sentirte lista ni con fuerzas.
- Sólo necesitas no abandonarte.
Aunque sea con un 1%. Aunque sea despacio. Aunque sea con el corazón medio roto y los ojos hinchados. Esa versión tuya que estás construyendo ahora, no es la que siempre tiene ni tendrá ganas, sino que es la que decidió quedarse. Y eso, aunque hoy no lo veas, ya lo está cambiando todo.
(PD: Justo leyendo una newsletter que amo y me invita a escuchar “Good Things Happen” de Layup, nada es casualidad 😉 )
